jueves, diciembre 21, 2006

Desnaturalizadas


Un restaurante echa a una madre por amamantar a su hija. Esta noticia no es más que un ejemplo de lo naturalizadas que estamos las y los occidentales, hasta el punto de que ni el acto más natural, bello y tierno de alimentar a un bebé está bien visto. Hay más de una teoría que afirma que el desprestigio de dar pecho es una consecuencia más de la sociedad patriarcal y a menudo misógina en la que vivimos. No sé si será cierto pero sí lo es que muchos hombres se sienten raros, les confunde, les turba (ahora mismo no encuentro el término preciso). Mi padre, del que a menudo he elogiado su feminismo, reconoció que sentía esa contradicción; que aún conociendo los beneficios de dar pecho, no podía evitar sentir vergüenza al ver cómo su pareja alimentaba a su hijo en público.
Aunque evitaré hablar de términos tan controvertidos como machismo, patriarcado y misoginia, lo cierto es que sea cual sea la causa, la maternidad se ha desnaturalizado. Se ha infundido un miedo exagerado al parto (yo no he dado a luz pero os juro que me da más miedo la aguja de la epidural que el parto) y esto lo único que provoca, estoy convencida de ello, es más tensión que provoca más dolor y así se crea un círculo vicioso que se ataja con el abuso de la anestesia y la cesárea, algo en lo que algunos estudios empiezan ya a detectar peligros. Se ha llegado a tal punto que hay mujeres que solicitan la cesárea por no sufrir o incluso por evitar problemas sexuales en el futuro. Y, lo que a mí más me indigna porque creo que no voy a poder evitar, en esta sociedad hipocondríaca el recién nacido es lavado, vacunado, perforado y manipulado por mil enfermeros antes de tener contacto con su madre.
Aunque ya se ha pasado la fiebre, desde los setenta el biberón hizo peligrar esa fuente inigualable de alimentación que es la leche materna. No sólo por la calidad de la leche sino porque contribuye a mejorar la autoestima del bebé, la comunicación con la madre, protege a ésta del cáncer de mama, es un acto placentero, un momento de intimidad entre madre e hijo... Pero algunas mujeres prefieren no estropear sus pechos a vivir todo esto.
Por fortuna, asociaciones como La liga de la leche trabajan para que las madres luchen contra esta lógica absurda y apuesten por no romper ese vínculo mágico que es el acto de amamantar.

1 comentario:

Lucía Romero dijo...

Hola, estoy un poco pesadita pero expones temas interesantes y frescos, y me apetece contestar. Está bien porque luego parece que los periodistas sólo sabemos hablar de política o de la pantoja.
En cuanto al texto yo opino que la vergüenza que puede sentir un hombre porque su pareja de el pecho en público tiene su explicación. El pecho es también un atractivo sexual de la mujer y enseñarlo siempre provoca cierta exaltación ya sea negativa o positiva. Cuando se trata de alimentar a un hijo se conviete en un acto tierno. Pienso que es casi comprensible la vergüenza inicial que puede sentir el hombre, aunque no compartiría en ningún caso la prohibición. La reacción de ese momento reside en el grado de timidez de cada uno.