
Estoy contenta con un reportaje que he publicado hoy porque creo que ayuda a visibilizar la triple discriminación que sufren las mujeres inmigrantes y, a la vez, sustituir la imagen de víctimas y dependientes por la idea de que son personas luchadoras y emprendedoras que a menudo llevan el peso de la familia. Os invito a leerlo y a comentarlo. Empieza así:
"He crecido, me siento más segura, fuerte e independiente". "Todo es duro, pero aprendes. Lo peor es separarte de tu familia, pero ayudarles merece la pena". Son testimonios de la exposición de SOS Racismo Mujer inmigrante vecina que da voz a 17 de las 48.000 extranjeras afincadas en Euskadi. Frente al estereotipo de víctimas, dependientes y sumisas, la muestra recoge historias de mujeres emprendedoras que mantienen intacto el optimismo y el afán de superación. Tres de ellas han narrado a EL PAÍS sus vivencias.
Lo malo es que por falta de espacio han eliminado el último párrafo, que incidía en esa visión más optimista, así que os lo añado aquí:
Hacen vida social con autóctonos, y han encontrado pareja y amigos vascos. “Tener el corazón en Perú y el cuerpo aquí es el peor error”, sostiene Giovanna. Comparten también la convicción de que emigrar, pese a todo, les ha enriquecido y fortalecido. “He madurado a base de palos. Tengo mucha fuerza. Lamento no haber tenido adolescencia, me he sentido muy vieja. Pero si lo reviviera lo haría igual”, recalca la joven rumana. Buchen también subraya que “incluso estar de interna, que es lo más duro, sirve para valorar cosas esenciales como la libertad”.
Enhorabuena a la gente de Sos Racismo (en especial a Zuria y Pablo) porque la exposición ha quedado realmente bien. Y me alegra poder trabajar informando sobre este tipo de iniciativas.











