martes, abril 01, 2008

¿Objetiva yo? Ni falta que me hace


Una se pasa la vida explicando las mismas cosas (por ejemplo, que feminismo no es igual a hembrismo, pero ese es un tema que hoy no toca). Por más que piense que la objetividad como valor supremo del periodismo ha pasado a la historia, siempre aparecen dos clases de personas: las que cuestionan mi profesionalidad por implicarme en un reportaje o defender a ciertos colectivos, y las que se sienten mejores periodistas porque piensan que ésto es como ser médico. Si no permaneces impasible y fría ante el dolor, te hundes.

Supongo que es cuestión de estilo, pero yo no entiendo mi trabajo sin sentimientos, porque el periodismo no es para mí un fin en sí mismo, sino un medio para poder transmitir al mayor número de personas posible mis inquietudes, mis preocupaciones, mis pasiones; descubrirles aquello que el sistema condena a la invisibilidad...

Tal vez no llegue tan lejos que los compañeros asépticos que se zambuyen en una realidad dramática o fascinante sin apenas pestañear, interesados sólo en lograr el gran titular o embelesar a jefes y superiores con su prosa. Pero el concepto de llegar lejos es relativo. Yo me conformo, por ejemplo, con haber podido dar voz a unas opiniones y vivencias sobre Cuba que rara vez salen en los medios. Poca gente se atreve a citar los aspectos positivos del sistema cubano. Sin embargo, una pequeña entrevista de ese tipo en las últimas páginas del periódico ha sido votada por 22 personas con una puntuación media de 3,5 sobre 5, cuando normalmente me votan dos o tres (ya conocéis mi fijación con las estrellitas de la web).

Os cuento todo ésto porque quería compartir un texto de El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano. Os lo iré desgranando poco a poco porque me ha encantado, pero con este fragmento me sentí muy identificada como periodista:

Celebración de la subjetividad

Yo ya llevaba un buen rato escribiendo Memoria del fuego, y cuanto más escribía más adentro me metía en las historias que contaba. Ya me estaba costando distinguir el pasado del presente: lo que había sido estaba siendo, y estaba siendo a mi alrededor, y escribir era mi manera de golpear y de abrazar. Sin embargo, se supone que los libros de historia no son subjetivos.
Se lo comenté a don José Coronel Urtecho: en este libro que estoy escribiendo, al revés y al derecho, a luz y a trasluz, se mire como se mire, se me notan a simple vista mis broncas y mis amores.
Y a orillas del río San Juan, el viejo poeta me dijo que a los fanáticos de la objetividad no hay que hacerles ni puto caso:
—No te preocupés —me dijo—. Así debe ser. Los que hacen de la objetividad una religión, mienten. Ellos no quieren ser objetivos, mentira: quieren ser objetos, para salvarse del dolor humano.


Curiosamente, ayer un compañero (gracias, Javier), me recomendó una entrada en la que el periodista Enrique Meneses llama a distinguir entre imparcialidad y equidistancia. Los primeros párrafos (luego se centra en argumentar porqué pidió el voto para Zapatero, y eso no me interesa en absoluto) son un bonito testimonio de cómo fue desarrollando esa reflexión y esa manera de hacer periodismo.

Por último, ya que estamos, os invito a leer un reportaje que me gustó mucho hacer para Diagonal. No conocía el concepto de soberanía alimentaria, y menos aún ligado al del empoderamiento de las mujeres, y estoy fascinada con ellos. ¿Me contáis qué os parece?

Dicho todo ésto, no creo que os extrañe la foto, aunque no pinte nada. La saqué en mi querida Ría de Arousa (en la playa Illa, de A Pobra do Caramiñal), y quería compartirla con vosotras.

9 comentarios:

Javi dijo...

Lo más grande del periodismo es que todos los días se aprende algo nuevo. En este caso, tu reportaje, para bien. También tiene cosas como que, de repente, te llamen por tu nombre. Con lo serio que suena, y lo poco que tengo yo de eso.

Cristina dijo...

Me parece muy bien que seas como eres. Si no fueras así seguramente no serías la misma June que aprecio y respeto. Yo en mi trabajo, siendo tan distinto me pasa exactamente lo mismo. No puedo mostrarme fría e impasible ante el sufrimiento ajeno. No cambies nunca.

Magapola dijo...

La subjetividad no tiene que crear confusión con los hechos objetivos en sí, a partir de ahí es cuando creo que tiene un gran valor en el periodismo.

entrenomadas dijo...

June, ando de viaje y algo revuelta pero acabo de parar en tu blog y descubrir que estoy de acuerdo contigo.
Y sobre "El libro de los abrazos" comentarte que siempre lo llevo conmigo, junto al bonobús y las llaves de casa. Imprescindible.

Me leo el reportaje enseguida.

Besos,

adam brown dijo...

Hello I just entered before I have to leave to the airport, it's been very nice to meet you, if you want here is the site I told you about where I type some stuff and make good money (I work from home): here it is

migramundo dijo...

Si inviertes energía en explicar a unos y otros por qué escribes esto y no lo otro de esta o de aquella manera, algún día te sentirás sin fuerzas para seguir tu propio camino. En cuanto a tu reportaje, me habría gustado firmarlo yo. Saludos.

migramundo dijo...

Por cierto, muy buena elección del post de Meneses. Lo enlazo. Gracias.

Isaac González Toribio dijo...

La objetividad no existe. Lo que existe es un intento desde los medios de "vestir" su mensaje de objetividad para venderlo mejor. Lo esencial en periodismo es la transparencia, la honestidad. Qué el lector sepa en todo momento que nadie le quiere engañar. Saludos desde Finisterre

Isaac González Toribio dijo...

Por cierto, a mí me invitaron a dejar de colaborar hace años en un periódico gallego por publicar un extenso reportaje sobre Cuba. En él comparaba la situación de la Isla con su entorno centroamericano y no salía precisamente mal.