
Es una de las ideas que más me han gustado de Beatriz Preciado, filósofa trasgénero que estoy descubriendo dentro de mi repentina lectura libre del queer. Este es uno de esos post en los que puedo adivinar sin dificultad quiénes lo váis a comentar (apenas dos o tres de mis chicas transgresoras) pero me apetece hablar de estas cosas.
Estoy cada vez más convencida de lo interesante y divertido que es desmontar todo lo preconcebido; deconstruirnos para construirnos a nuestra medida. Ver, en definitiva, el género y el sexo como un traje que nos podemos quitar y poner a nuestro antojo. Y no es que me haya vuelto transgénero de repente. Pero me gusta pensar que soy mujer porque quiero, porque es la construcción de mí misma que yo elijo y que no me viene impuesta por unos rasgos biológicos.
Ese determinismo, pensar que soy inevitablemente mujer, implica definir lo que es ser mujer, y eso me limita y me aburre. ¿Qué me hace mujer? ¿Sólo los genitales? ¿Tendría que sentirme menos mujer por no tener grandes aptitudes para el cuidado, no ser tierna y sí competitiva, tener poco pecho o ser infértil? Aunque la ciencia pudiera discernir con exactitud qué es biológico y qué cultural, yo renegaría de ello. ¿Aceptaríais los hombres que sois inevitablemente agresivos?
Dado que somos seres conscientes, que hemos manipulado y desnaturalizado todo, que jugamos cada día a ser pequeños dioses, ¿por qué nos da miedo construir a nuestra manera -pasando de discursos esencialistas- nuestra identidad y nuestro cuerpo, que son precisamente casi lo único que es sólo nuestro? ¿Quién marca el límite de lo que se puede cambiar (el color de pelo, los ciclos menstruales, hasta la estructura ósea...) y lo que no? Por cierto, estas ideas no me hacen menos feminista, ni mucho menos, y creo que entre tanta filosofía sigue siendo necesario impulsar la lucha de las mujeres.
Os invito (sin ningún ánimo ni esperanza de convenceros) a leer y escuchar y ver en el vídeo de abajo a Preciado y oyéndola y viéndola en el video de abajo. El 9 de mayo dará una charla en Vitoria, en el centro Montehermoso. Eskerrik asko, Itu eta Medeak. Por si os da pereza, os pego las ideas que más me han gustado o divertido. Y, como decía en otro blog, parafraseando a Pripublikarrak, os invito que, aunque lo hagáis como espectadores curiosos o cínicos, os acerquéis a un panorama de roles rodando, saltando, moviéndose, retorciéndose...
Tengo 37 años. Nací en Burgos y vivo entre París y Barcelona. Soy filósofa y enseño Teoría del Género en la Universidad de París VIII. Vivimos juntos mi novia, una perra bulldog, un gato y yo. No quiero reproducirme. No creo en la nación ni en Dios. Mi perra se llama Pepa
¿Es usted hombre o mujer?
Esta pregunta refleja una ansiosa obsesión occidental.
¿Qué obsesión?
La de querer reducir la verdad del sexo a un binomio.
¡Es que hay hombres y hay mujeres...!
Yo dedico mi vida a dinamitar ese binomio. ¡Afirmo la multiplicidad infinita del sexo!
"Hay tantos sexos como personas", dice un amigo mío. ¿Sería eso?
Sí, me gusta. Eso de hombre y mujer son construcciones culturales.
Pero hay vaginas y penes, hay tetas y testículos, hay estrógeno y testosterona...
Sí. ¿Y?
Que eso no es cultura, ¡es biología!
Esgrimir rasgos anatómicos (o bioquímicos) para fijar identidades sexuales ¡es cultural! Hasta 1868, por ejemplo, no hubo heterosexuales y homosexuales (...), había prácticas sexuales varias. (...) La feminidad, desde la píldora, es una ficción. La píldora ¡finge menstruaciones! La feminidad es hoy una construcción biotecnopolítica: una suplantación hormonal de los 12 a los 50 años. La biomujer es hoy tecnomujer, es ya transexual. (...)
Su sociedad le proponía una identidad. La sociedad propone unos precipitados de identidad, cada individuo asume uno... y acabas pensando que eso eres tú. Y no.
¿No? Entonces..., ¿qué soy yo? Es una pregunta ociosa y viciosa: pregúntate mejor qué procesos te han llevado a pensar "yo soy esto".