lunes, noviembre 12, 2007

Un cuento para reflexionar sobre el altruismo


O sobre lo que queráis, claro.

Cuenta la leyenda que una liebre fue paseando por un bosque africano hasta tumbarse a la sombra de un baobab. Sorprendida, le dijo al árbol: "No hay sombra más refrescante que la tuya". El baobab, lleno de orgullo, movió sus hojas para propiciarle una brisa aún mayor. "Pero", continuó la liebre, "apuesto a que el zumo de tus frutos es tibio y amargo". Contrariado, el baobab hizo caer una de sus frutas. "¡Oh! ¡En realidad es muy refrescante y sabroso!", reconoció la libre. "Pero apuesto a que el corazón de tu tronco es seco y estéril", añadió desafiante.

El baobab se ofendió aún más, y para demostrarle que se equivocaba una vez más, se retorció y abrió su tronco de par en par. Cuando la liebre se metió en él, descubrió que estaba lleno de un enorme tesoro: las frutas y otros alimentos más deliciosas que la liebre imaginó jamás, en ingentes cantidades. Loca de alegría, dió gracias al baobab, cogió lo que pudo y se puso a correr emocionada pegando enormes brincos y contando a todos los animales el motivo de su entusiasmo.

Se topó finalmente con un hiena que le interrogó sobre su hallazgo. La liebre, de corazón sincero y confiado, le detalló paso por paso cómo había encontrado el tesoro, y la hiena vió así su oportunidad de hacerse rica. Emprendió el camino hacia el baobab mágico, y cuando lo encontró repitió todo el proceso: "Qué sombra más fresca, pero apuesto a que tu fruto es tibio, y el corazón de tu tronco seco...". El árbol reaccionó de igual manera: movió sus hojas para proporcionarle una brisa agradable, desprendió un fruto para que lo probara y, finalmente abrió su corazón.

La hiena, fuera de control, enferma de avaricia, arrebató con violencia todo lo que el baobab llevaba dentro, lastimándole y dejándolo vacío y dolido. Desde entonces, los baobab ya no se abren a nadie ni dejan que los animales descubran los tesoros que esconde su poderoso tronco.

Las personas somos como los baobabs: nuestro corazón alberga infinidad de tesoros, que ofrecemos al resto con generosidad. Entonces, cuando dejamos de abrirnos y dar lo que llevamos dentro, ¿de qué hiena nos estamos acordando?


Es uno de los relatos que nos regaló el musicólogo Polo Vallejo dentro de la iniciativa África Imprescindible, y que os transcribo siendo todo lo fiel al original que me permite mi precaria memoria. Además de cuentos, nos enseñó todo tipo de cantos, costumbres y curiosidades sobre los poblados de Tanzania en los que investiga. Incluso nos enseñó a cantar y a escuchar cuentos como lo hacen en esos poblados. Una auténtica delicia. Poco a poco os iré contando más cositas que nos enseñó y que muestran la enorme riqueza cultural y el espíritu flexible e inteligente de esos pueblos.

Como banda sonora, os propongo una deliciosa canción del cantante de origen senegalés Ismaël Lò:



De paso, os invito a leer una entrevista que le hice a Remei Sipi, otra de las ponentes de África Imprescindible.En la imagen, un maravilloso baobab sacado de Google.

9 comentarios:

Jluis dijo...

Un cuento de una preciosa sabiduría y una canción de una tremenda belleza.

Vamos un post sabio y bello.

Un abrazote.

migramundo dijo...

Entiendo la postura del baobab, aunque la naturaleza humana es infinitamente generosa, pues de lo contrario hace tiempo que el hombre habría desaparecido de la faz de la tierra. Con todo, siempre habrá hienas, necesarias, por otra parte, para entender la lección del baobab. Saludos.

Maite dijo...

Me encantó que me contaras ese cuento! Me ha hecho pensar sobre la forma de cada uno de "acordarse de la hiena"... es curioso como algunos se cierran completamente por miedo a ser heridos nuevamente.Una lástima... me gustaría conocer esos corazones hermosos! yo, imprudente quizá, sigo regalando mi corazón a quien quiera apreciarlo.
deben ser las horas de la noche que me hacen escribir tanto =)
un besito!!


PD:pasate por mi fotolog y mira el título, creo que te sonará ;)

Lucía Martínez Odriozola dijo...

June:
Que te he concedido un premioooo. Entra en mi blog para verlo.

Martín Bolívar dijo...

La moraleja del cuento es, según mi humilde opinión, en que debemos comprender al otro, ponernos en su lugar. Hay una palabra que se escucha poco, por ser un poco rarilla, que es empatía. La necesitamos. Los expertos también hablan de la inteligencia emocional. Tu aporte nos hace avanzar en este camino.

Martín Bolívar dijo...

Me ha sido imposible enviarte un correo electrónico, por eso te escribo este comentario. Hace tiempo que quería escribirte, más que nada porque había sentido esa necesidad de comunicarme, de aprender, de escuchar otras voces diferentes. Me ha gustado tu último comentario, a pesar de que dices que discrepas en lo que atañe a Venezuela. Yo no me creo el dueño de la verdad, soy abierto y hago el esfuerzo de incorporar ideas diferentes a las que pueda tener incrustadas por determinadas influencias o por mis propios razonamientos que me puedan llevar al error. Es evidente que la perfección no existe y sería una ignorancia (que palabra fea) por mi parte, creerme el dueño la verdad perfecta, digamos. Te propongo dar mi modesta, humilde, opinión sobre Venezuela y que tu contrapongas la tuya. A esta práctica en Argentina la llamamos hablar a calzón quitado, es decir sin inhibiciones. Nací y me crié en Buenos Aires, prácticamente bajo la influencia del peronismo. Vivo en España y he dejado a mi madre y a mi hermana en Buenos Aires, en Argentina, donde predomina el peronismo desde hace 50 años.

Creo que Chávez, como lo denominan algunos, es un neoperonista. Perón exportaba materias primas, carnes y cereales, en una época de miseria y pobreza durante la post-guerra europea. Pero si tenía que comprar una locomotora, porque en Argentina no estaba desarrollada la industria, debía comprarla a otro país. Cuando yo ivía en Buenos Aires, en una ocasión me compré un par de zapatillas Adidas. Fue un lujo porque me costó casi la mitad del sueldo. En el interior del calzado deportivo leí: Cuero vaca flor argentino (de primera calidad), Made in Germany. Por eso me salieron tan caras las zapatillas, primero por el bajo valor adquisitivo de los sueldos y segundo porque había que pagar el valor añadido a los alemanes. Ahora, Chávez copia a Perón. Exporta materia prima, petróleo, pero no tiene capacidad de transformarlo en productos derivados del crudo. El presidente venezolano copia, aunque no use el nombre que lo evidencia, al proyecto de los Países No Alineados, en los que participó Perón, pero que fracasó. Entre otros intentos, se creó un pool de agencias de noticias de países no alineados, que centraban las informaciones en la agencia estatal de noticias la antigua Yugoleslavia, Tanyug. ¿Quién conoce este nombre, cuando se pudo conocer una noticia elaborada y firmada por esta agencia?. Es evidente que debería haber un bloque de Países No Alineados, que son mayoría en el mundo. En Latinoamérica y en los países en vías desarrollo y pobres deberían discutirse las posibilidades del capitalismo a partir de la siguiente idea: http://independent.typepad.com/elindependent/2007/07/capitalismo-bue.html



Algo que no estoy de acuerdo es en que en Venezuela se reforme la Constitución para imponer un presidente vitalicio. Sería lo mismo que yo me creyera que mis pensamientos, mis ideas, son las mejores y las tengo que imponer. La democracia, con sus males, puede que sea el mejor sistema, de los restantes, dentro de las imperfecciones que siempre van a existir. Te agradezco tu paciencia si llegaste a leer esta línea. Si te apetece, me gustaría conocer tus discrepancias con mis notas, sin prisas. Saludos y gracias. Te sigo leyendo en tu blog. Cariños.

Magapola dijo...

Es curioso que termine con una pregunta. Por eso mismo no creo que haya una moraleja, sino una reflexión. Porque en nuestra naturaleza debería estar el darnos a los demás, deberíamos reflexionar cuando no nos damos, preguntarnos entonces el porqué de nuestra falta de generosidad. El baobad no puede reflexionar, nosotros sí: ¡hagámoslo!

Cristina dijo...

Me ha gustado mucho este cuento. Dice una gran verdad y da para reflexionar. Como dice magapola, ¡hagámoslo!. Creo que cuando no actuamos bien deberíamos ser capaces de darnos cuenta para enmendar nuestros errores. La vida es un continuo aprendizaje. Muxus!

Mikel dijo...

Una entrada a la que llevaba tiempo tratando de añadirle algo (soy un desastre!):

Que coincidencia que eligieses éste cuento!
Que genial que te acuerdes tan bien de él!
Qué curioso pensar que coincidimos durante un rato en la misma sala sin tener ni idea de quién era quién!

Buen día de reyes!

;-)