
Mujer A: Cobra 100 euros por servicio. Algunos meses le sale muy bien y otros apenas trabaja. Ahorra para pagar la deuda que contrajo al emigrar. Tiene que estar disponible las 24 horas del día, lo que le impide tener una vida social y afectiva plena. Cuando consigue echarse novio, éste sale corriendo cuando se entera de lo que hace o la acaba humillando más que los clientes (y gratis). A veces los clientes le insultan, le pegan, le violan, le mean encima o se corren en su boca sin avisar. Tiene miedo al sida, a la policía, a que le echen del piso por puta, a someterse a un nuevo aborto. Por la calle la gente le mira con altanería, sólo ven en ella una puta barata que afea la ciudad. Como no tiene papeles ni estudios, la única alternativa que le queda a la calle es limpiar, donde ganaría lo mismo en un mes que ahora en los mejores días. La perspectiva de estar encerrada en una casa día y noche por menos dinero y limpiando como una esclava se le hace más cuesta arriba que matar el rato en la acera y aguantar cuatro polvos rápidos. En realidad, es como elegir susto o muerte.
Mujer B: Cobra 450 euros al mes y tiene derecho a cama. No ahorra porque manda casi todo a su familia. La jefa no le regala ni un cruasán. Ayer, en un alarde de generosidad, le ofreció las sobras de la comida. Tiene que estar todo el día fregando, limpiando mocos a niños y culos a ancianos. Como vino directa de Bolivia a Neguri, no conoce a nadie en España, y estar encerrada en esa mansión no ayuda a encontrar amistades o pareja. Su jefe, el dueño de la casa, le mira el culo descaradamente y le hace insinuaciones obscenas. Ayer se masturbó mirándola mientras que ella pasaba el polvo. Por las noches teme que entre en su cuarto y la viole. La gente sólo ve en ella una criada servil, una fregona de la que quejarse en la degustación, una chacha exótica que da un toque más de glamour a la mansión. Se ha planteado prostituirse. Tal vez ganaría más o tal vez nada, porque el físico no le acompaña y a estas alturas tiene la autoestima tan baja que no se ve capaz de dar placer a nadie.
¿Quién ha perdido más su dignidad? ¿Quién ha perdido más su libertad? ¿Quién vende más su cuerpo? ¿Y su alma? ¿Cuál está más explotada? ¿Qué vida prefeririáis? ¿O creéis que hay más opciones? Las dos son mujeres e inmigrantes irregulares, como lo son en torno al 90% de personas que trabajan en el servicio doméstico y en la prostitución.
Nota: No exagero. No he inventado ni una coma. Son refritos de vivencias que me han contado para diferentes reportajes o he leído en la prensa.
Nota 2: La ilustración la firma JMontiel, y está inspirada en una del genio Shaun Tan, cuyos libros El árbol rojo y Emigrantes son completamente imprescindibles.








