viernes, marzo 14, 2008

Variables invisibles


Aproximadamente el 30% de las sentencias por malos tratos en Euskadi recayeron sobre hombres inmigrantes, según los datos que ofreció el departamento de Justicia ante el 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres. Teniendo en cuenta que el porcentaje de inmigrantes en la comunidad no alcanza el 5%, la cifra no deja de ser alarmante.

Y alarma social es precisamente lo que puede generar este tipo de informaciones. Por no decir xenofobia. Este racismo racional (no recuerdo el nombre exacto que se utiliza en psicología) de "yo no soy racista pero objetivamente los inmigrantes son más..." puede hacer mucho daño. Por otro lado, las políticas de protección a maltratadas (teléfonos, ayudas, campañas para promover la denuncia...) también se están centrando en llegar a las inmigrantes. Esto es importante por la situación de especial desprotección en la que se encuentran (miedo a denunciar por no tener papeles, falta de una red social que la haga sentir segura y apoyada, precariedad económica que dificulta la emancipación...), pero puede ser contraproducente si sirve para consolidar el estereotipo de mujeres dependientes, sumisas y pasivas que arrastran.

Como decía, la cifra de 30% es demasiado llamativa como para no analizarla. El problema existe. Tal vez no sea una cuestión de etnia sino de clase, de exclusión social. Puede que la frustración y los problemas psicológicos que a menudo van ligados al proceso migratorio acentúen comportamientos agresivos. Puede que sea más sencillo que sentencien a un inmigrante pobre que a un médico prestigioso. O puede que en sus países (y digo países, no culturas), no se haya trabajado tanto como aquí el reto de la igualdad o la sociedad esté menos sensibilizada sobre la lacra de la violencia machista. No sé si alguno de estos elementos influirá.

Comentando estas cosas con compañeros de SOS Racismo, uno de ellos aportó una reflexión que me pareció definitiva, y por la que escribo esta entrada: se pone el foco en el porcentaje de inmigrantes maltratadores. El interés por ese dato oculta un transfondo xenófobo porque no se busca el dato sobre otras variables (exclusión social, por ejemplo). Pero él dijo algo que me encantó: ¿por qué no se mide qué porcentaje de maltratadores desempeñan profesiones o aficiones con una carga violenta?

La hipótesis no me parece nada descabellada, especialmente cuando veo noticias como ésta: anoche, en menos de 24 horas, fueron asesinadas dos mujeres por sus parejas o ex parejas. Una de ellas, con arma de fuego. Su marido, ex policía local, la disparó con una escopeta. En este país, al contrario que en EEUU, cualquier persona no puede conseguir un arma. Sería interesante conocer qué porcentaje de los asesinatos se han realizado de esta manera y, más aún, porqué esos hombres tenían arma: eran cazadores, policías, militares...

Me parece un tremendo error echar balones fuera y fijarnos en si vienen personas de culturas más machistas, antes de hacer un análisis crítico de nuestra propia cultura. Resulta imprescindible que los propios hombres cuestionen su relación con la violencia, que se preocupen por la cultura del riesgo en la que han sido socializados, que entiendan que -al contrario de las mujeres- se les ha enseñado a no contener su agresividad y a agredir como forma de resolver conflictos. Cuando avancemos hacia un modelo de hombre pacífico y libre de esas imposiciones, podremos permitirnos dar lecciones universales de igualdad.

En la foto, el perro que aparece en la película Bowling for Columbine, de Michael Moore. Sus dueños, cazadores, hicieron la gracia de disfrazarle de cazador. Al perro se le disparó la escopeta, y no recuerdo si hubo heridos o incluso muertos. Por cierto, hay personas que defienden que el que es violento lo es tanto con las mujeres como con los hombres. Me pregunto entonces porqué tenemos una tasa de asesinatos por violencia machista tan alta, y no trascienden como un serio problema social otro tipo de asesinatos.

2 comentarios:

RGAlmazán dijo...

Habéis dado en el clavo, ¿por qué interesa tanto la nacionalidad cuando se habla de delitos? ¿no hay otras variables que nos podrían llevar más a conocer las causas, como la extracción social o la profesión?
En sí mismo se encierra xenofobia cuando se desprecian otras variables y se hace que sobresalga la nacionalidad.
Todo esto sin quitarle importancia al hecho, pero buscando la causa.

Salud y República

Isaac González Toribio dijo...

Lo que menos importa es dónde se produzcan los maltratos y el origen de sus autores. Con lo que debemos de acabar es con la violencia de género, aparte de su origen. Saludos