
Hoy he escuchado en la radio un debate sobre lo que la presentadora definió como una fiebre generalizada del exhibicionismo a través de Internet. Se refería así al fenómeno de los blogs, redes sociales y demás foros en los que las personas cuelgan sus fotos, detallan datos personales, opinan sobre los temas que le conmueven... Quienes hace una generación hubieran escrito un diario íntimo, hoy comparten sus secretos con medio mundo en la blogosfera. La presentadora se preguntaba si no es más radical desnudar el alma ante el ojo ajeno que el cuerpo.
No he podido dejar de sentirme identificada. No es poco lo que podéis saber de mí a través de Internet: lo que opino, en mi blog y en los comentarios que dejo en otros; lo que publico en prensa, en mi otro blog; mis fotos, los eventos a los que asisto y las amistades que tengo, en Facebook; la música que escucho, en Last.fm y Goear... Pensamos que mostramos sólo lo que queremos, pero estaréis de acuerdo conmigo en que es fácil que se nos vaya la mano.
Por no hablar de Google. La primera vez que me dio por poner mi nombre quedé horrorizada. Encontré mi DNI, manifiestos que firmé en su día y de los que hoy reniego, mi dirección postal ... Incluso quienes tenían curiosidad por conocer mi segundo apellido han utilizado ese método para encontrarlo.
¿Soy una exhibicionista? ¿Lo sois vosotros y vosotras? No creo que haya una respuesta absoluta ni generalizable. Espacios como Facebook o Fotolog están satisfaciendo sin duda el narcisismo y el voyeaurismo. A otra gente, en cambio, creo que no nos mueve tanto el deseo de lucirnos o espiarnos sino el de comunicarnos. Aunque, ¿no será lo mismo? ¿No será el deseo de comunicarse (como sabe, como puede) lo que mueve al narcisista o a la voyeaur?
En el debate radiofónico un tertuliano planteó: "¿Debemos tachar de exhibicionistas por tanto a los poetas?" Me parece una pregunta muy pertinente. Siempre me ha gustado la letra de Amiga mía, de Alejandro Sanz: "Yo quiero regalarte una poesía. Tú piensas que estoy dando las noticias (...) Esta es mi manera de decir las cosas. No es que sea mi trabajo; es que es mi idioma". Supongo que se trata de eso: cada cuál encontramos como podemos el equilibrio entre el pudor y el impulso de comunicarnos. Probablemente la represión de ese impulso sea el que lleva a formas más extremas de exhibicionismo, ya sea despelotándonos en plena calle o mostrando nuestras intimidades emocionales en Internet. En el resto de los casos, supongo que ocurre como con el nudismo: la perversión está en los ojos de quienes lo censuran.