domingo, febrero 03, 2008

Caramel


Caramel es una deliciosa (como indica el título) película que me ha dejado muy pensativa. Ambientada en Líbano (es una coproducción con Francia), en un contexto de guerra que apenas se advierte por algún militar por las calles, se centra en un microcosmos femenino: el espacio privado y los problemas cotidianos, dos conceptos tradicionalmente asignados a las mujeres.

En tono dulce y tragicómico, nos muestra las historias de varias mujeres que se reúnen en una peluquería y en las que subyacen lacras que a las occidentales nos resultan familiares: las relaciones de dependencia (la que vive esperando la llamada de su amado, un casado); la vergüenza y el estigma de vivir la sexualidad (la que le oculta a su prometido que no es virgen); la invisibilización de las lesbianas (la peluquera que vive en secreto su fascinación por una clienta); la tiranía de la juventud que se ceba más con las mujeres (la actriz cincuentona que no encuentra trabajo), y la obligación moral de sacrificar nuestras vidas para cuidar a otras personas (la mujer mayor que tiene que vigilar día y noche a su hermana senil).

El espejismo de la igualdad me parece muy peligroso. Siglos de machismo han dejado un poso en todas las personas, mujeres y hombres, que hace que no todo sea tan fácil como decir "desde ahora, todos personas", como opináis algunos (opinión que respeto pero no puedo compartir). Me parece indispensable reconocerlo para detectar esas formas sutiles de discriminación que persisten y que son más difíciles de combatir que las más explícitas. Me parece también fundamental prestigiar socialmente a las mujeres y visibilizar este tipo de problemas.

Sé que alguno dirá: "Hay que prestigiarlas pero no más o menos que a los hombres". El problema es que los hombres ya nacen con ese reconocimiento. Me gustaría que alguno se pusiera en la piel de, pongamos (pero me baso en alguien muy querido), una mujer octogenaria (que muchos llamarían despectivamente 'solterona') que no ha conocido ni el sexo, ni el amor, ni el éxito profesional porque de joven se hizo cargo de los hijos de su hermana muerta ya que su cuñado, muy hombre él, no era capaz de sacar adelante a cuatro criaturas. Ahora se encuentra sola, con una pensión miserable por no haber trabajado (¡ja!), una vida llena de carencias, y cierta presión social de tener que sentirse llena porque es bonito dedicar tu vida a hacer felices a los demás. Es bonito, sí, si es una elección completamente libre. Ser médico, encontrar un amor y tener sus propios hijos era su ideal de vida. ¿Tiene que culparse por no sentirse realizada?

El otro día hice unas entrevistas sobre la situación de las campesinas en América Latina. Las mujeres del entorno rural son el colectivo más pobre del planeta. Si trabajan en sus cultivos, realizan una labor no remunerada y completamente invisibilizada. Nadie reconoce ni su trabajo ni su aportación a la sociedad (al cuidado de las personas, la transmisión de conocimientos, la innovación gastronómica y agrónoma...) Hartas de esa situación, si deciden buscar un trabajo remunerado, terminan en latifundios bajo condiciones de explotación, porque las multinacionales han descubierto que las mujeres se someten con más facilidad, por razones que sería muy largo explicar. A diferente escala, eso que nos resulta tan lejano lo podemos detectar también en nuestra sociedad.

A parte de estos temas que me ha evocado la película, Caramel es muy hermosa. Se disfruta con todos los sentidos: la belleza visual y de las propias actrices; una música que me ha enamorado (de Khaled Mouzanar); el olor de la peluquería; el tacto y el gusto del caramelo que utilizan en Líbano para depilar (de ahí el título)... Os dejo con un trailer. En la foto, la espléndida Layale -personaje interpretado, por lo que veo, por la directora, Nadine Labaki- esperando a que su amado aparezca por la peluquería para otra cita furtiva y clandestina.

10 comentarios:

Magapola dijo...

Me has convencido para ir a ver la película.

La situación de la mujer octogenaria me ha parecido tan desgarradora como real.

RGAlmazán dijo...

Leído tu comentario y visto el trailer no tengo más que ir a ver la peli.
En cuanto a la situación de las mujeres, quién no entienda que tiene que haber medidas de discriminación positiva para intentar la igualdad entre los dos sexos o es que es bobo o es que es machista.

Salud y República

Salud y República

Itsaso dijo...

¡Cuantos casos habrá como la de la mujer octogenaria! Por suerte, creo que eso va cambiando, ahora la mujer no se limita a estar en casa y cuidar de los demás. Poco a poco la cosa cambia.

Parece interesante la película.

Cristina dijo...

Ya estoy tardando en ir a verla. Ya la tenía en mente pero el trabajo no me ha dado tiempo. Ya te contaré qué tal. Muxus

Aitziber dijo...

Un gustazo leer tu análisis de la historia, la peli no sé, veremos!

carmen moreno dijo...

Qué duro y qué verdad! Me gustaría decir que iré a ver la peli, pero no llegará a Cádiz, seguro, así que... habrá que buscar otra forma de verla.

Gracias por hablarnos de quienes no hablan.

el trenti dijo...

Me la apunto

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO dijo...

Habrá que ver esta película. Ah, si entras en mi blog, veras un post interesante según los temas que sueles tocar en tu blog.

besos.

Martín Bolívar dijo...

Me ha encantado esta entrada porque es un intento de entrar en la intimidad de la mente, de los sentimientos de la mujer, una aventura interesante, adentrarnos en el mundo femenino, apasionante y mucho menos aburrido que el de los varones.

entrenomadas dijo...

Ay, que joya, qué delicia, qué bien lo pasé viendo esta película. Qué gozada, lejos de la cutredad Almorovariana (disculpa si te gusta el director). Es exquisita, y dura, fuerte y sensible, bella y con un guión cuidadísimo. Y qué guapas son las actrices.
Adoro esta película. Y sí, yo también hablaré de ella y mencionaré este post.


Un beso,
Marta