viernes, diciembre 18, 2009

Vendo minutos


Una de las cosas que más nos llamó la atención nada más llegar a Bogotá fue que las calles estaban plagadas de puestos de fruta y chucherías en los que había llamativos carteles en los que ponía “SE VENDEN MINUTOS” o, simplemente, “MINUTOS”. ¿Qué sería eso? ¿Se podría en Colombia comprar el tiempo? La respuesta era mucho más prosaica pero no por ello poco pintoresca.

Se trata de un original servicio de llamadas que ha aflorado con éxito: no se estropea ni requiere de comprar tarjetas como las cabinas, no corres el riesgo de que tu llamada se corte por falta de crédito, como me ocurrió en un locutorio, y es especialmente útil para las personas sin recursos o sin ganas de tener su propio celular. A cada 20 metros, tanto en las grandes ciudades como en las medianas e incluso en los pueblitos, te encuentras o bien con puestos como los descritos o incluso con una persona que anuncia que vende minutos. La situación es la siguiente:

June: Hola, quiero hacer una llamada a un celular Comcel
Vendedor de minutos: ¿A celular o a fijo?
J: A celular
V: ¿A qué operadora?
J: Ummmm
V: Dígame cómo empieza
J: 313
V: Comcel. Tome.

El vendedor saca de su bolsillo un celular encadenado y me lo ofrece. Lleva tres o cuatro. Llamo como si fuera mi propio móvil, charlo, y me cobra por minutos: entre 100 y 300 pesos el minuto. Llamadas internacionales, se pueden encontrar minutos desde 250 pesos, hasta 500. Recordemos que 300 pesos son 10 céntimos de euro. Es muchísimo más barato que un locutorio, donde en una llamada te gastas fácilmente más 10.000 pesos.

¿Todo bien entonces? Evidentemente, la otra cara de la moneda es que se trata de un trabajo sumamente precario y sumergido, sin derechos y bajo el acoso policial. Lo ejercen todo tipo de personas, pero cabe destacar tres grupos: chicos jóvenes, mujeres de mediana edad, y sus hijos e hijas. La competencia entre los vendedores es salvaje. No hay tarifas establecidas, así que tiran los precios todo lo que pueden. Para mi sorpresa, ahora que estaba buscando información al respecto he encontrado una oferta de trabajo en Internet que indica que se puede trabajar por cuenta ajena:

“Trabaje como vendedor de minutos en la calle, usted administra su tiempo de trabajo y el lugar donde desee ubicarse solo debe cumplir con unas metas semanales en la venta de minutos, igualmente entre mas minutos venda, mayores van a ser los ingresos para usted, la persona debe ser responsable, trabajadora y cumplida. ingresos entre 400.000 y 600.000 mensuales”

No se cita quién es el anunciante ni se habla en ningún momento de contrato. 600.000 pesos son unos 200 euros. El salario mínimo mensual establecido por ley no llega a los 500.000 pesos.
Lo que no me queda claro es si esta actividad sigue estando perseguida por la policía, a instancias del Ministerio de Comunicaciones, como leo en un reportaje de 2007. En noticias posteriores encuentro que no sólo se les acosa y decomisan los móviles, sino que los discursos del gobierno les criminalizan acusándoles de suponer una competencia desleal para negocios legales como las cabinas. ¿Algún colombiano o colombiana nos puede explicar la situación actual?

PD: En la foto, yo comprando minutos en Pereira

7 comentarios:

RGAlmazán dijo...

Curioso e interesante. A ver qué es lo próximo que te encuentras.
Pásalo bien, un beso.

Salud y República

Ander dijo...

Qué bueno. Son como los hombres grises de Momo pero en versión precaria. Y esos móviles encadenados... me están dando una idea.

PECADO dijo...

Encantada de conocerte.
Hay que ver como se agudiza el ingenio cuando la necesidad aprieta.
Me gusto el post, me haces viajar.

PECADO dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Yassin dijo...

Lo había visto en un reportaje sobre Brasil y me pareció muy interesante..

Buena estancia en colombia !

NáN dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
NáN dijo...

El anulado anterior es mío. Lo había escrito desordenadamente. Esto es lo que decía:

Fuera del círculo de fuego de los que somos trabajadores con contrato (antiguo), cada vez se hace más nítida la ausencia de cualquier seguridad. A la precariedad y los salarios para mantenerse en la raya de la supervivencia, se le une la ilegalidad de esos trabajos, por tanto la persecución policial.

Fuera del círculo de fuego de los que tenemos derechos, un círculo menguante, el mundo exterior es cada vez una mierda mayor.

Pero eso no quita para que disfrutes todo lo que puedas. Ya sabes que siempre digo que la tristeza es contrarrevolucionaria.

Un abraçet