
Hace tiempo que abandoné la sana costumbre de entregarme al peloteo de mis amistades en mis posts, pero no puedo dejar de recomendaros las crónicas que ha escrito Ander Izagirre en su blog durante su viaje a Bolivia.
Creo que la mayoría sabéis quién es Ander (San Sebastián, 1976), periodista y escritor de viajes que conocí a raíz de que Lucía nos mandara leer en la carrera su maravilloso (y literalmente tórrido) libro Los sótanos del mundo. Tres años después puedo presumir de contarle entre mis amigos, tanto blogueros como terrenales.
Gracias a su blog, hemos sido partícipes de sus andaduras bolivianas. Hemos llegado incluso a sentir con él, o al menos intuir lo que él sentía. Le he imaginado aturdido pero muy divertido en medio de la algarabía de las asambleas populares; profundamente consternado al conocer a Abigaíl, una adolescente de 14 años que trabaja en las minas en condiciones de explotación; disfrutando de un curioso partido de fútbol de mujeres indígenas... Todo un terremoto emocional que espero que nos pueda contar largo y tendido cuando se recupere.
Mientras esperamos a ver publicados los reportajes en la prensa, os dejo con la historia de estas futbolistas guaraníes que dan teta entre gol y gol. Me gusta porque, si bien denuncia la terrible situación de las mujeres guaraníes, se queda sobre todo con su capacidad para organizarse, ilusionarse y disfrutar. La foto la sacó el también periodista Daniel Burgui, compañero de viaje de Ander, quien cuenta el partido y mucho más en su blog.
Para distraernos de lo que ustedes saben
El partido entre los equipos de Urundaiti y Boyuibe se retrasa unos minutos: Susana, una de las jugadoras, está detrás del córner dando el pecho a su bebé (ved esta foto de Dani).
Susana, guaraní de 25 años y madre de seis hijos, salta por fin al campo y se instala en el borde de su área, donde no dejará pasar ni una bola en todo el partido: una defensa central infranqueable. El campo es una gran explanada de tierra irregular, despejada en medio de la aldea guaraní de Urundaiti, en el Chaco boliviano.
(Más fotos del partido, también de Dani).
El partido sufre otro pequeño retraso: el entrenador Carlos advierte que tres de las jugadoras de Urundaiti están embarazadas y no deberían participar. Se reorganiza el equipo. Unas señoras obesas de unos 35 años se visten la equipación y salen al campo en sustitución de las embarazadas. Junto a ellas juegan mujeres de 25 o 26 años con media docena de hijos cada una y hasta una chica de 14 años que también ha estado amamantando a su bebé unos minutos antes del partido.
Los equipos y los partidos están organizados por Momim (Movimiento de mujeres indígenas del mundo), una asociación dirigida por la inagotable Margoth Segovia, que lleva años peleando por mejorar la vida de las mujeres del Chaco. En una sociedad como la guaraní, que según Margoth es tremendamente machista, y cuyas familias a menudo trabajan en régimen de servidumbre para los grandes terratenientes de la zona, las mujeres apenas tienen oportunidades para desarrollar ningún oficio ni ninguna afición. Abundan los malos tratos, el alcoholismo de los hombres, la violencia en las casas, las mujeres abandonadas con un montón de hijos o la subordinación total a los maridos. Incluso las que no padecen esos problemas apenas tienen tiempo para nada más que cuidar a la prole y llevar la casa.
-Nos reunimos para disfrutar todas juntas del deporte -dice Margoth a las jugadoras de ambos equipos, en el discursito previo al partido-. No se trata de jugar a muerte. Queremos que perdure la amistad, el respeto y la solidaridad entre todas nosotras. Hacemos deporte para distraernos de lo que ustedes saben.
La doctora española Pilar Mateo (inventora de una pintura especial que acaba con las vinchucas, transmisoras del mal de Chagas) y Margoth Segovia impulsaron una asociación en la que imparten cursos para enseñar oficios a las mujeres, les ofrecen asesoría legal para los problemas domésticos y para que conozcan sus derechos, organizan un programa de radio semanal y hasta organizan campeonatos de fútbol.
Yobinka Guzmán, arquera del equipo de Boyuibe, tiene 29 años, cuatro hijos y un sobrino adoptado en su propia casa. Todos los días se levanta a las seis de la mañana, da la leche a su chiquito de 2 años, prepara el desayuno a los hijos mayores y sale al trabajo: es educadora en una escuelita de la aldea guaraní de Pueblo Nuevo, donde atiende a niños de 2 a 4 años. Al mediodía prepara la comida para su familia y arregla a los hijos para que vayan al colegio por la tarde. Luego dedica varias horas a limpiar las ropas y la casa. Y por la noche acude a los entrenamientos del equipo de fútbol.
-Duermo como muerta -dice, entre risas.
(Los goles y las mejores jugadas, las mujeres embarazadas que sueñan con dar a luz a tiempo para participar en la Donosti Cup 2010 y la jugadora sofocada que en el descanso pide una teta fría para amamantar a su bebé aparecerán en el reportaje que espero publicar más o menos pronto).